sábado, 3 de diciembre de 2011

MARCELO MARCOLÍN - NO HAY SILENCIOS, SI HAY POESÍA


De paso por Mar del Plata me enteré que el 3 de setiembre había muerto Marcelo Marcolín. Pasada la consternación lógica, mascullando el desasosiego que nos deja la partida de alguien con quien alguna vez compartimos momentos y situaciones, envuelto en una nueva orfandad,  pensé en su vida en la poesía, en su supuesto silencio y recordé el cuento “Pablo”, escrito en 1973 por Elsa Isabel Bornemann, en el que un pueblo se queda mudo porque “las palabras habían perdido su ángel guardián” y fue una niña que las devolvió repitiendo los versos de Pablo, el poeta.
Marcelo Marcolín era un poeta sin pausas de silencio, sus palabras se escurrían de las emociones que atraviesan a los hombres en la vida; a unos los despabilan a otros los abaten. Él era de los primeros.
Fue miembro de la llamada Generación Subterránea Argentina, nacida, también, en el verano de 1973, cuando el país se preparaba para derrocar otra dictadura. En una memoria sobre el poeta santafecino Rubén Vedovaldi, Marcolín define: “La generación subterránea en su faz poética produjo un quiebre a partir de la restauración de la democracia […] fue parte de una realidad tan difícil y dolorosa de la Argentina que tal vez ahí resida el ocultismo a la que fue condenada […] El under fue, más allá de lo literario, una forma de vida, un estilo de ver las cosas, de analizar los hechos, de tomar partido hasta la última gota de aliento.
Marcelo nació en Buenos Aires en 1957. Editó diversos boletines poéticos de distribución subterránea: “Artemisa”, “Igni”, “Manifiesto”, “El la­garto press”, “El ojo de la ballena”, este último de extensa difusión, y “Río de la Plata”.
Formo parte del equipo editor de la revista “Antimitomanía” y de la edi­torial “La cebra dormida”.
Sus autores, entre otros, eran Jack Kerouac, Jorge Boccanera y nuestro Carlos Patiño, con quien mantenía una sincera amistad; su música pasaba por Sabina y seguía fiel a Bob Dylan y a Spineta; música impostada de poesía.
Sus poemas residen en edicio­nes de nuestro país y del exterior. Participó en las antologías: “Poesía 80”, “Poemas para el alba próxima”, “Anuario Antimitomanía”, “Poemas para Nicaragua libre” y “Poemas de un peso”.
En forma individual publicó: “Breves” (1976), “La primera letra” (1977), “El fantasma y los otros” (1978), “Las mieses de junio” (1979), “La coronación del príncipe mudo” (1980), “Matecocido” (1984), recopilación de poemas realizados en el período 1980-1983, “La primera letra”, “Ángeles clandestinos”, “Siestas de Wincofón” (1999), "Estrella de sal" (2001), “Esperando el último tren a Cañuelas” (2002), "El viejo automóvil de los sueños" (abril de 2005) y su último libro "Otros elefantes de regreso a la constelación de Orión" (setiembre de 2009)
Realizó numerosos plegables, entre ellos, “A escena” (1986) 
 Versos suyos fueron seleccionados por Daniel Serra para la publicación colectiva “Poesía y Poetizar (2011)
En 1985 recibió el premio Zargazazú. Con la lectura de sus poemas visitó distintas ciudades.
Fue un militante social y humano, promediando los 80 compartió con otros quilmeños la creación local de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Tuvo cargos públicos de los que salió maltrecho por la flojera y la mezquindad de algunos politiquillos, pero su trabajo por “el decir” fue intenso: colaboró en medios gráficos y radiales como columnista; participó en las revistas digitales: “Estación Quilmes, “Poesía del mondongo”, “El Muro, la guía cultural de Buenos Aires” y “Argensubte” de Miguel Grinberg, blog dedicado a la recopilación de las llamadas "ediciones subterráneas" de Argentina de mediados de los años 70 a mediados de los años 80.
In­tervino en la revista oral "Piedra de Toque” de la Sociedad Argentina de Escritores, filial sur. Fue parte del movimiento literario “Isabel Pallamay” y fue director editorial de la revista “El pez en el cielo” (2009), como se denominaba su blog, sustanciado por el epígrafe: “Cuando la lluvia llegue hasta aquí nos daremos cuenta lo hermoso que es que ella baile sobre tu cuerpo. Lo demás, ahora sí, será futuro.”
Comentando el libro “Esperando el último tren a Cañuelas” (2002), escribió Marcos Silber “La actitud poética de Marcelo Marcolín calza el número preciso de esa aspiración. Como escritor que mira de frente la contemporaneidad, no esquiva nada que roce siquiera tangencialmente la suerte de la especie humana. La palabra de Marcelo Marcolín es la de quien honra la palabra con la poesía, es decir con la expresión mayor de la dignidad creativa.”
(de izquierda a derecha) Marcelo Marcolín, Néstor Arias y Chalo Agnelli, jurados en la presentación del libro con los cuentos y poemas ganadores del 3º Concurso de Cuento y Poesía de Casa de Arte Doña Rosa en 2005.
Estaba casado con Diana Moya, psicopedagoga, y tenían tres hijos. El domingo 13 de noviembre en el “Ríe Bar Cultural” de Bernal, el poeta Carlos Patiño, Valeria Assenza Parisi y Fernando Delgado del blog “Estación Quilmes” (http://estacionquilmes.blogspot.com) organizaron un homenaje a Marcelo con “Poesía y Blues”, en el que se reunieron poetas de aquí, de allá y de muchos otros sitios que recordaron con poemas de Marcelo y los suyos propios al imperecedero amigo de la palabra que acaba de irse, abrió el acto el escritor - poeta librero Néstor Arias con quien proyectaban crear una editorial y lo cerró el mismo Patiño que dio paso al Blues. Nada mejor para el homenaje
Marcelo Marcolín tenía 54 años y un montón de poesía que desgranar todavía, pero este silencio es ilusorio, siempre habrá una niña, un joven, una mujer esperanzada, un hombre sosegado que apartarán el silencio repitiendo los versos de Marcelo. 
 
 Crónica Chalo Agnelli
Quilmes, diciembre 3 de 2011

1 comentario:

fernando delgado dijo...

siempre emociona recordar a Marcelo.

un gran abrazo
Fernando